Ciento cincuenta años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya era un monumento vivo. La biblioteca Valeria Solís había sido ampliada con alas modernas de cristal y madera que respetaban el alma original del lugar, pero el corazón seguía siendo el mismo patio interior donde las rosas blancas florecían sin descanso, incluso en los inviernos más fríos.
Johanna Rivera Solís, de sesenta y cuatro años, era la actual guardiana principal. Su cabello plateado brilla