El sonido insistente del celular de Isaac rompió la tranquilidad de la mañana. María José se removió en su cama, aún envuelta en las sábanas, intentando ignorarlo. Pero la vibración persistente en la habitación contigua la hizo fruncir el ceño.
Sabía que Isaac estaba en la ducha. Si alguien llamaba con tanta insistencia, quizás era algo importante. Dudó un momento, pero cuando el teléfono sonó por cuarta vez, se levantó y cruzó el pasillo hasta la puerta entreabierta del cuarto de Isaac.
El móv