Eliana se quedó en la cocina, inmóvil, con la mirada fija en el café que apenas había probado. Su mente seguía atrapada en la conversación con José Manuel, en la manera en que él había reducido todo a una excusa: el alcohol.
Suspiró y llevó la taza a sus labios, pero un ruido en la entrada la hizo girarse con el ceño fruncido.
José Manuel estaba de pie en el umbral de la puerta, con una expresión tensa.
—Olvidé mi abrigo —dijo en voz baja.
Eliana asintió y se giró para ir a buscarlo. Caminó has