La noche era fría y silenciosa, excepto por el sonido de los pasos erráticos de José Manuel en la acera. Sus pensamientos eran un caos, su pecho ardía con una mezcla de rabia, frustración y algo que no quería admitir: celos. Había bebido más de la cuenta, eso lo sabía, pero no le importaba. Solo había un lugar al que su mente lo arrastraba en ese estado.
Sin darse cuenta de cómo, llegó hasta la puerta de la casa de Eliana. Tocó con insistencia, apoyando la frente contra la madera mientras inten