Eliana llegó temprano a la sala de reuniones, revisando por última vez los documentos que presentarían ante Alejandro. Sabía que todo debía estar en orden, especialmente ahora que José Manuel formaba parte del proyecto.
La puerta se abrió y entró Isaac con su usual energía.
—¡Buenos días, jefa! —dijo con su tono animado, dejando una taza de café sobre la mesa frente a ella—. Como sé que no puedes vivir sin esto, aquí tienes.
Eliana sonrió, aceptando la taza.
—Gracias, Isaac.
—Para eso estoy —re