La casa estaba en las afueras, envuelta por árboles frondosos y una niebla densa que parecía querer ocultarla del mundo. Daniel se detuvo frente a la cerca oxidada, con el corazón golpeándole el pecho. No estaba seguro de que ella siguiera allí, pero la pista que había seguido por semanas lo conducía inevitablemente a esa dirección. Respiró profundo y se ajustó la chaqueta antes de cruzar con sigilo.
Cada paso crujía sobre las hojas secas. Se acercó a la puerta trasera, que tenía la cerradura f