La noche había caído sobre la ciudad como un manto espeso y silencioso, mientras el murmullo de los pasillos del hospital se mezclaba con el sonido constante y mecánico de los monitores. Eliana permanecía sentada en una de las bancas del área de espera, con los ojos fijos en un punto invisible del suelo, los dedos entrelazados en su regazo, y el corazón latiéndole con una fuerza que le sacudía el pecho. Aquel presentimiento que había sentido horas antes, ese que la había empujado a dejar la pel