El reloj marcaba las ocho de la noche cuando Eliana terminó de arreglarse frente al espejo. Su vestido negro de seda se ceñía a su figura con una elegancia natural, dejando al descubierto sus hombros con un escote sutil pero sofisticado. La tela se deslizaba hasta el suelo con una abertura en la pierna que le daba un aire de delicada sensualidad. Su cabello estaba recogido en un moño suelto, con algunos mechones enmarcando su rostro, y el maquillaje resaltaba sus ojos con tonos ahumados y labio