La puerta se cerró con un suave clic que retumbó como un eco en el pecho de Eliana.
El sonido de los pasos de Samuel bajando los escalones y el sonido del motor del carro encendiéndose confirmó que se habían ido. El silencio volvió a ocupar cada rincón de su casa como si esperara justo ese momento para envolverlo todo.
Eliana se quedó de pie junto a la puerta por unos segundos, como si sus pies no quisieran moverse todavía. Su mano seguía posada sobre la manija, como si soltarla significara ace