Eliana puso el cuchillo sobre la mantequilla, sonrió y alzó una ceja.
—¿Entonces viniste hasta acá con la excusa del pan, pero en realidad esperabas encontrarme… cómo? ¿Con cara de mujer enamorada?
María José tomó asiento a su lado, con la confianza de quien no necesitaba invitación. Sus ojos chispeaban de ternura mientras estiraba una mano para robar un trozo del pan tibio.
—No, no te subas al podio tan rápido, señora CEO con mejillas rosadas —respondió entre risas—. En realidad… vine porque n