Capítulo 277 El beso que no es despedida.
El reloj marcaba las dos con doce minutos cuando Samuel soltó el suspiro más grande del día. Estaba sentado en el sofá con la mochila ya en la espalda y el peluche del dragón bebé asomándose por la cremallera abierta. Eliana apareció desde la cocina con una manzana y una barra de cereal, y se las entregó con una sonrisa melancólica.
—Por si les da hambre en el camino —dijo, acariciando el cabello del niño.
—Gracias, Eli… —murmuró Samuel bajito, con voz algo apagada.
José Manuel apareció un segu