El bullicio del recibimiento fue apagándose poco a poco. Los empleados, aún emocionados, regresaron a sus puestos. Eliana, con el corazón acelerado, cruzó lentamente el pasillo hasta llegar a su oficina. La puerta de cristal se cerró con un suspiro detrás de ella, como si incluso el aire del lugar hubiera estado esperándola.
Miró a su alrededor.
Todo estaba exactamente igual… y, sin embargo, todo se sentía distinto. El sofá gris junto a la ventana. Su escritorio impecable. Las estanterías con lo