Eliana caminaba despacio por la acera húmeda, con los brazos cruzados sobre su pecho como si intentara protegerse del frío… o tal vez de los pensamientos que no dejaban de lloverle dentro. El cielo gris parecía reflejar el estado de su alma: nublado, tenso, como si cualquier brisa pudiera derrumbarla.
La calle frente a su casa lucía silenciosa. Los árboles se mecían suavemente con el viento, y el único sonido que la acompañaba era el eco apagado de sus propios pasos. No tenía rumbo claro. Solo