El resto del día transcurrió con una lentitud insoportable. José Manuel intentó que Samuel se distrajera: le propuso ver una película, armar uno de los rompecabezas grandes que aún estaban sin abrir, incluso lo invitó a salir al jardín. Pero nada funcionaba. Samuel no reía, no hablaba demasiado… solo asentía, como si su cuerpo estuviera presente pero su mente muy lejos. Y José Manuel sabía exactamente dónde: con Eliana.
A media tarde, el niño se sentó en el ventanal del segundo piso, con la mir