La tarde caía lentamente sobre la ciudad. El cielo se teñía de tonos cálidos, y desde la ventana del hospital se podía ver cómo el sol iba cediendo terreno a la noche, que se acercaba con pasos lentos y silenciosos.
Isaac permanecía junto a Gabriel, tomándolo de la mano mientras caminaban por el pasillo del hospital. Atrás quedaban Eliana con Samuel y José Manuel, quienes hablaban en voz baja para no interrumpir la conversación entre padre e hijo.
Gabriel parecía más tranquilo, pero sus ojos se