El camino de regreso a casa transcurría en un incómodo silencio. Samuel seguía con los brazos cruzados y el ceño fruncido, aunque su respiración ya no era entrecortada por el llanto. Se limitaba a mirar por la ventana, pero su expresión dejaba claro que no estaba conforme con haber dejado a Eliana.
José Manuel, por su parte, mantenía ambas manos en el volante con firmeza, sintiendo el peso de la situación. No quería discutir con su hijo, pero tampoco podía ignorar la manera en que Samuel se hab