La mañana se presentó tranquila, con un cielo despejado y una brisa suave que entraba por la ventana del hospital. Eliana abrió los ojos lentamente, aún con algo de cansancio en la mirada, pero una sonrisa pequeña se dibujó en su rostro al ver a Isaac sentado en la silla, como cada mañana, acompañándola en silencio.
—Buenos días —murmuró con voz ronca.
—Buenos días, guerrera —respondió él con una sonrisa cálida—. ¿Lista para recibir una buena noticia?
Eliana lo miró, con los ojos brillando de e