La llave giró lentamente en la cerradura.
Isaac respiró hondo antes de empujar la puerta. No sabía con exactitud qué lo esperaba dentro. La última conversación con María José había sido fría, seca. Y aunque no era un hombre que temiera enfrentamientos, sentía una incomodidad extraña, casi como si el calor del hogar que tanto había idealizado ya no le perteneciera.
Entró y cerró la puerta con suavidad. El apartamento estaba silencioso, como si alguien hubiera ordenado al mundo que se congelara.