El sol comenzaba a asomarse entre las cortinas del pequeño apartamento. María José abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso de una noche más en soledad. Miró hacia la puerta del cuarto que Isaac solía usar cuando se quedaba… seguía cerrada, intacta. No había regresado.
Se sentó en el borde de la cama, con la esperanza aún viva de encontrar un mensaje. Tomó su celular con rapidez, pero la pantalla estaba vacía. Ni una llamada perdida, ni siquiera un simple “buenos días”. Nada.
Con un suspiro