Los segundos siguientes parecieron eternos. Luego, poco a poco, sus ojos comenzaron a abrirse. Primero con lentitud, como si le costara recordar cómo hacerlo, y luego con más firmeza, hasta que su mirada se encontró con la de él.
—Isaac… —musitó con voz ronca, apenas un suspiro. Sus labios apenas se movieron, pero su expresión se llenó de una luz distinta. Una mezcla de alivio, sorpresa y alegría.
El corazón de Isaac se agitó. Había esperado verla así durante días, pero ahora que lo hacía, sint