A la mañana siguiente, Isaac apenas había logrado dormir. Su mente no dejaba de pensar en Eliana, en lo que encontraría al verla después de tantos días de incertidumbre. Se removió en la cama, sintiendo el peso de la preocupación en su pecho. Desde que aterrizaron, todo se había sentido extraño. Estaba en su hogar, pero al mismo tiempo, no.
Finalmente, se levantó antes de que el sol iluminara completamente la ciudad. Caminó hasta la sala con pasos silenciosos, intentando no despertar a Gabriel