Samuel bajó la cabeza, decepcionado. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero las contuvo con fuerza. José Manuel, que había estado en silencio, sintió un nudo en la garganta al ver la angustia reflejada en el rostro de Eliana y la tristeza en su hijo.
—Pero… ¿de verdad éramos novios? —preguntó Eliana con cautela, dirigiéndose esta vez a José Manuel.
Él levantó la mirada y sus ojos, llenos de una mezcla de dolor y anhelo, se clavaron en los de ella. Su corazón latía desbocado, como si estuviera a