Isaac se quedó sentado en el sofá, mirando la taza de aromática que María José había dejado intacta. Su discusión lo había dejado con una sensación amarga en el pecho. No había querido hacerla sentir incapaz, pero tampoco podía ignorar la realidad: ella no estaba completamente bien y Gabriel era solo un niño. ¿Cómo podía irse tranquilo dejando todo así?
Suspiró y se llevó las manos al rostro. Su mente seguía dividida entre su responsabilidad con Gabriel y su angustia por Eliana. Intentó llamarl