El viento le levantó el cabello a Amanda apenas bajó del auto y el escalofrío le corrió por la espalda como si el cuerpo le estuviera avisando que todavía podía echarse para atrás, pero ya no, ya estaba ahí y no había venido dos horas a temblar dentro de un carro para volver a casa con las manos vacías.
Se acomodó el vestido negro, ceñido a su cuerpo, y sintió el golpe familiar de los tacones contra la grava del camino.
Cada paso resonaba c