Señora Van Ness.
Las puertas se abrieron en el piso veintidós y lo primero que vio fue la recepción, un espacio moderno, amplio, decorado en tonos claros, con una lámpara elegante en el techo y un escritorio de madera oscura donde una mujer castaña, de piel muy clara y sonrisa amplia, hablaba por teléfono mientras tecleaba en la computadora como si pudiera hacer tres cosas a la vez sin despeinarse.
En cuanto los vio, cortó la llamada con rapidez y se enderezó en su asiento.
—Buen