No vuelvo a ser el idiota de nadie.
El trayecto de regreso al edificio fue un borrón.
Ethan condujo con las manos firmes en el volante, pero por dentro iba acelerado, como si algo lo persiguiera.
No era solo su madre. No era solo el almuerzo.
Era Daniel, siempre Daniel, ese veneno que se filtraba en cada cosa buena que Ethan intentaba construir.
—Si le haces algo a Amanda me la vas a pagar.
Te