Estoy embarazada.
Amanda tragó saliva, asintió sin decir nada y se limpió una lágrima que ya se le había escapado.
No quería llorar ahí.
No quería ser el espectáculo emocional del aeropuerto.
Pero su mamá la miró y le bastó.
Esa mirada que decía, sin palabras, lo mismo que siempre había dicho, te conozco, no me mientas demasiado.
—Vamos —dijo Amanda al fin, intentando recuperar un poco de control—