El papel me quemaba en las manos.
Literalmente. Notaba el calor de la nota de Camila atravesándome la piel como si estuviera escrita con fuego en lugar de tinta. "Sé que es falso. Demuéstralo tú o lo haré yo. Tienes setenta y dos horas, Lunita. —C."
Setenta y dos horas.
El mismo plazo que me dio el banco para perder la casa de mi abuela. El mismo número. La misma amenaza. La misma sensación de que el mundo se derrumbaba a mi alrededor mientras los demás seguían con sus vidas como si nada.
—Luna