Adrián tiene una cara muy mala para guardar secretos, no lo sabe, o quizás lo sabe y ha decidido que no le importa. Pero yo llevo suficiente tiempo observando a las personas como para reconocer cuando alguien carga con algo que no sabe dónde poner.
Lo vi en cuanto entró a la cocina esa tarde, llegó con Sofía, que venía contando algo sobre un perro que había visto en el parque con una energía que no dejaba espacio para ninguna otra conversación. Adrián la escuchaba, asentía en los momentos corre