Lo decidí a las siete de la mañana, con Matías en brazos y Sebastián todavía en la ducha, se lo iba a preguntar, era una idea terrible y lo sabía. Llevaba exactamente cuarenta minutos sabiéndolo, desde que me desperté con la pregunta ya formada en la cabeza como si hubiera estado esperando ahí toda la noche, no lo hagas, Luna, me dije, es una trampa que tú misma te estás poniendo.
Matías hizo un sonido pequeño y movió la mano, lo miré él me miró, llevaba meses mirándome así, con esa confianza a