No dormí nada aquella noche.
Me quedé tumbada junto a Sebastián, con los ojos abiertos, escuchando el tictac del reloj de pared. Las palabras de Krause resonaban en mi cabeza como un eco imposible de acallar. «Camila no quiere verte muerta, Luna. Quiere verte sola.»
Sola. Esa palabra me perseguía desde que tenía seis años. Y ahora Camila Roth quería dejarme sin nadie. Era una tortura psicológica. Una sentencia en vida.
—¿No puedes dormir?
La voz de Sebastián me sobresaltó. Estaba tumbado a mi l