No sabía nada de la madre de Camila.
Nadie en la mansión hablaba de ella. Ni Sebastián, ni Don Ernesto, ni siquiera Quiroga en sus informes. Era como si aquella mujer no existiera. Una figura invisible que durante años había permanecido en la sombra, mientras su hija tejía una telaraña de mentiras y amenazas a nuestro alrededor.
—¿Quién es? —pregunté, cuando Sebastián colgó el teléfono.
—Se llama Beatriz Roth. Hace años que no sé nada de ella. La última vez que la vi fue en una cena de benefice