Ismael llegó a la mansión antes del amanecer.
Lo recibimos en el despacho, con Quiroga a su lado y varias tazas de café humeando sobre la mesa de caoba. Traía la misma carpeta raída de siempre, pero esta vez sus ojos brillaban con una intensidad nueva. La intensidad de quien está a punto de desvelar algo importante.
—He pasado toda la noche revisando los archivos del banco —dijo, desplegando documentos sobre la mesa—. Ramiro no pudo reactivar la deuda él solo. Necesitaba a alguien dentro. Algui