El mensaje de Ramiro nos dejó en vela toda la noche.
—¿Cómo puede ir a por la casa de mi abuela? —pregunté, paseándome de un lado a otro del despacho—. El juez ya desestimó la impugnación del matrimonio. La deuda está pagada.
—Eso fue la impugnación del testamento —respondió Sebastián, apoyado contra la mesa de caoba con los brazos cruzados—. Esto es distinto. Ramiro fue accionista del Banco Nacional durante años. Si encuentra la forma de reactivar la deuda, la casa volverá a estar en peligro.