Dormí exactamente cuarenta y tres minutos, lo sé porque miré el reloj cuando cerré los ojos y volví a mirarlo cuando desperté, después de eso ya no pude volver a dormir, Luna seguía a mi lado, dormida, con una mano apoyada sobre mi pecho, como si incluso dormida necesitara asegurarse de que seguía allí o quizá era yo quien necesitaba sentirla.
La observé durante varios segundos, la luz tenue que entraba por la ventana dibujaba sombras suaves sobre su rostro, parecía tranquila, por primera vez e