Ismael llegó a la mansión un martes por la mañana.
No llamó antes. O sí llamó y Sebastián no me lo dijo, que era igual de probable. Lo vi aparecer en el salón desde el pasillo, con su maletín negro y esa expresión suya de abogado que trae noticias que no pueden esperar, y supe antes de que abriera la boca que la semana de calma había terminado.
Matías dormía en el piso de arriba. Yo acababa de bajar con el pelo todavía húmedo de la ducha, la primera ducha larga que me permitía desde el alta, y