A la mañana siguiente bajé a la cocina antes de que el sol terminara de salir. No era una decisión consciente. Mi cuerpo se había despertado solo, como si supiera que había algo que necesitaba hacer antes de que el día se llenara de ruido.
La mansión estaba en silencio. Un silencio profundo, de esos que solo se dan en las horas en que el mundo aún no ha decidido despertar. El único sonido era el rumor lejano de la fuente en el jardín. Me detuve un instante junto a la cuna. Matías dormía con el