La primera noche con Matías en casa no dormí. No podía dejar de mirarlo. La cuna de viaje que habían colocado junto a nuestra cama quedaba a menos de un brazo de distancia. Sebastián lo había medido antes de acostar al bebé, con una seriedad que me había costado no comentar. Cuando terminó, me miró buscando aprobación, y yo asentí sin decirle que yo habría puesto la cuna encima de la cama si hubiera podido.
Me quedé tumbada de lado, con la almohada doblada bajo la cabeza y los ojos fijos en Mat