Quiroga entró al comedor a las cuatro y media de la mañana con una tablet en la mano y una cara que no supe descifrar su expresión. En los meses que llevaba trabajando con nosotros había aprendido a leerlo. Quiroga era un hombre de expresión plana por entrenamiento y por carácter, alguien que había decidido hace tiempo que las emociones no cabían en su trabajo.
Esta vez era diferente a todo eso, Quiroga entró despacio, como alguien que necesita un momento más antes de decir lo que tiene que c