La dirección que Quiroga encontró a las cuatro de la mañana era un almacén en las afueras del sur de la ciudad, tardaron hasta las seis en confirmarlo, dos de los hombres de Quiroga hicieron una pasada en coche. Había movimiento y una furgoneta aparcada que coincidía con una de las placas de los registros de Ramiro, también una luz encendida en el piso superior que no tenía ninguna razón de estar encendida a esa hora en un almacén que oficialmente llevaba dos años cerrado.
Era suficiente para s