La llamada de Quiroga llegó tres días después de la captura de Ramiro. Tres días de silencio, de paz, de rutina recuperada. Tres días en los que el mundo se había vuelto a ordenar.
Matías ya había recuperado su ritmo, despertaba a las siete, reclamaba su biberón con la autoridad de un pequeño emperador, y pasaba las mañanas arrastrándose por el salón, había crecido bastante y rápido. Mientras Don Ernesto lo observaba desde su silla con una sonrisa que no se borraba. Sebastián había vuelto a tr