El polvo flotaba en el aire como si fueran pequeñas estrellas doradas bailando bajo los rayos de sol que se filtraban por los ventanales rotos de la vieja biblioteca. Estábamos en plena faena. Atrás habían quedado los trajes impecables y las reuniones corporativas. Ethan, con las mangas de la camisa remangadas y una mancha de yeso en la mejilla, movía cajas de libros antiguos con una fuerza que me dejaba fascinada. Yo, mientras tanto, intentaba catalogar los volúmenes que habían sobrevivido a l