Los diez días que nos había dado el concejal Sterling se sentían como una cuenta regresiva que resonaba en cada rincón de la biblioteca. El ambiente en la obra era una mezcla constante de adrenalina y agotamiento. Ya no éramos solo Ethan y yo; docenas de voluntarios del barrio venían después de sus trabajos para lijar, pintar o ayudar con la instalación eléctrica. El edificio, que hace un mes parecía una herida abierta en el corazón de la ciudad, empezaba a cobrar vida.
Sin embargo, la tensión