El cansancio de la noche anterior se quedó pegado a mis huesos, pero cuando abrí los ojos, el peso en mi cuerpo era la única señal de que la realidad no era un sueño. La luz del alba se colaba por las cortinas, dibujando siluetas suaves sobre la pared de la habitación que ahora compartíamos no solo como un espacio físico, sino como un refugio. Ethan dormía a mi lado, respirando con una paz que, hace apenas un año, me habría parecido imposible. Sus manos, que tanto habían trabajado moviendo esco