Capítulo 1: El aroma de la traición
El frío de la comisaría de San Judas se filtraba a través de las suelas de mis estiletos, subiendo por mis piernas hasta instalarse en mi pecho. Eran las tres de la mañana. El aire en aquel lugar olía a café quemado, tabaco rancio y a esa desesperación metálica que solo exudan los hombres que no tienen nada que perder.
Caminé por el pasillo central, ignorando las miradas de los oficiales de turno. Mi bata de seda negra apenas me cubría el conjunto de lencería