La lluvia regresó a Venturis una semana después de la caída de los Gómez. No era la lluvia ácida y opresiva que Aitana recordaba de su noche de exilio, sino una tormenta purificadora que lavaba la sangre de las aceras y el rastro de los escándalos de los periódicos. En la televisión del aeropuerto, las noticias seguían repitiendo el mismo ciclo: “El mayor fraude universitario y corporativo en la historia del país”.
Aitana estaba sentada en la terminal internacional, observando el panel de salid