La primavera llegó a Valencia con flores de jazmín que perfumaban el aire, donde Leo, ahora de cuatro años, jugaba en el jardín de la mansión Herrera, construyendo pequeños puentes con piedras y ramas. Sofía pasaba sus días consolidando el programa de intercambio educativo, que ahora conectaba centros de Valencia y Burgos, mientras Ignacio coordinaba misiones de ayuda humanitaria en el sur del país, afectado por la sequía. Aunque la rutina era plena, el vínculo con Burgos seguía vibrando, alime