Antes de que el primer sábado llegara, la noche en el departamento fue larga. Julián se quedó mirando por la ventana hacia las luces de Monterrey, con los hombros cargados por una derrota que no era suya, sino del destino. Elena se acercó a él, temiendo que el rencor estuviera echando raíces en el hombre que siempre fue su paz.
—Julián, si tú me dices que no, buscaremos otra forma —susurró ella, tocándole el brazo.
Julián se giró y la miró con una tristeza infinita, pero con una nobleza que a E