JULIETA
El nombre de Marcos en la pantalla de mi teléfono era como una sentencia. El hombre que se había desentendido de Leo desde que nació, el que solo enviaba una pensión miserable cuando se acordaba, ahora pretendía usar la moralidad para quitarme lo único que le daba sentido a mi vida.
—¡No puede hacer esto, Liam! —grité mientras buscaba frenéticamente las llaves de mi coche—. Él no tiene derecho. Él ni siquiera sabe cuál es el color favorito de Leo.
—Juli, mírame —Liam me tomó por los hom