JULIETA
La mañana siguiente no trajo la paz que esperaba. Aunque Liam se había quedado a dormir en el sofá —insistiendo en que no quería presionar más las cosas—, el despertar se sintió como el inicio de una guerra. El silencio de la casa fue interrumpido por el sonido incesante de las notificaciones en mi celular.
No tuve que abrir Facebook para saber qué estaba pasando. Los grupos de WhatsApp de nuestro antiguo vecindario y los amigos en común estaban ardiendo. Sofía no se había quedado calla